Cuatro cuentos chinos / Four Chinese Stories

Spanish

I. Espejo de metal

Un antiguo cuento chino
habla de un tal emperador Ts’in Shi (259-210 a.C.)
que poseía “el precioso espejo que iluminaría los huesos del cuerpo”,
también conocido como “el espejo que ilumina la bilis”.
El espejo aparece descrito como sigue:
rectangular de cuatro pies de ancho, cinco pies y nueve pulgadas de alto,
brillante tanto en su interior como en su exterior.
Cuando alguien ponía las manos sobre su corazón,
observaba en el espejo sus vísceras.
Cuando un hombre se paraba ante él para ver su reflejo,
su imagen aparecía fragmentada en diminutos círculos.
De acuerdo con otra leyenda, era un pedazo de madera
sacada de un árbol llamado “el rey de los químicos”.

II. Papalotes como pájaros

En un comentario de los Anales de los libros de Bambú
el emperador chino Shu es descrito como “ser volador”,
“primer hombre que descendió sano y salvo en un paracaídas”
y “el que volaba como un pájaro”.
Asciendo a la torre y no puedo descender,
mi padre le ha pegado fuego y todo se desploma.
Era el siglo XII.
Gracias a mi buena cabeza y a mis dos sombreros de paja,
sombrillas útiles en cualquier circunstancia,
me tiro y aterrizo en tierra, con mi vestido de hilo en plena forma.
En definitiva, a pesar de las conspiraciones de mis hermanos,
siglos después Leonardo da Vinci me ha dejado trazado
en una de sus muchas libretas de aviación.
Después el veneciano Fausto Veranzio, ¿era acaso el siglo XVI?,
hizo varios trazos arrebatados y modificó el diseño.
Debo aclarar que el verdadero descenso de alguien en un paracaídas
no sucedió hasta 1783 en Montpellier.
Mis conocimientos de geografía son escasos,
y los nombres extranjeros me marean, pero aún así,
debo reconocer que los libros de historia
a veces dicen algunas verdades,
y además, yo estaba allí. En plena forma.

III. Yü min o aquellos que vuelan

Algunos escritores chinos cuentan sobre un país de seres voladores,
una isla cerca de un océano desconocido,
donde los veranos son muy calurosos,
y los habitantes viven en altas montañas
al lado del mar.
Algunos escritores chinos describen a los habitantes
de esta isla como seres con mandíbulas largas,
narices como picos de pájaro, ojos rojos, cabezas blancas
cubiertas con pelo y plumas, capaces de volar
pero no a largas distancias.
Muchos se arriesgan a lanzarse a lo desconocido,
pero la isla siempre se burla de ellos,
y a los que tratan de volar muy alto
los transforma en basura podrida.
Pocos son los que por puro milagro
cuando tratan de ascender al cielo
son transformados en inmortales, llamados los “huéspedes de plumas”
expresión china que significa monje taoista.

IV.

No puedo seguir con los cuentos chinos,
porque el emperador me podría mandar a matar.

English Translation

I. Metal mirror

An ancient Chinese story
tells of a certain emperor, Ts’in Shi (259-219 b.c.)
who possessed “the precious mirror that will illuminate the bones
/ of the body.”
Also known as “the mirror that illuminates the bile.”
The mirror appears described as follows:
a rectangle four feet wide by five feet nine inches high,
both its interior and its exterior gleaming.
By putting his hand over his heart, anyone
could see his viscera in the mirror.
When a man stood in front of it to see his reflection,
his image would appear fragmented into tiny circles.
According to another legend, it was a wooden board
from a tree called “the king of chemists.”

II. Kites like birds

In a commentary in the Annals of the Bamboo Books
the Chinese emperor Shu is described as a “flying being,”
“the first man to descend safe and sound in a parachute,”
and “the one who flew like a bird.”
I climb the tower and cannot descend;
my father has set it on fire and everything is collapsing.
It was the 12th century.
Thanks to my good head and my two straw hats,
that provide useful shade in any situation,
I leap off and land on the earth, with my linen tunic spotless.
Definitively, despite my brothers’ conspiracies,
centuries later Leonardo da Vinci left me sketched
in one of his many aviation notebooks.

Later the Venetian Fausto Veranzio — perhaps in the 16th century? —
made a number of impulsive brush strokes and modified the
design.
I should state that no true descent by parachute
occurred until 1783 in Montpellier.
My knowledge of geography is slight,
and foreign names make my head swim, but even so,
I should acknowledge that history books
sometimes contain some truths,
and besides, I was there. Spotless.

III. Yü min or those who fly

Some Chinese writers tell of a country of flying beings,
an island near an unknown ocean,
where summers are very hot,
and the inhabitants live in high mountains
beside the sea.
Some Chinese writers describe the inhabitants
of this island as beings with large jaws,
noses like bird beaks, red eyes, white heads
covered with hair and feathers, capable of flying
but not for long distances.
Many dare to hurl themselves into the unknown,
but the island always mocks them,
and those who try to fly high up
are transformed into rotten garbage.
Few are those who by pure miracle,
upon attempting to ascend into the sky
are transformed into immortals
called the “feathered guests,”
a Chinese expression that means
Taoist monk.

IV.

I cannot continue with the Chinese stories
because the Emperor might order me killed.

— Carlota Caulfield, A Mapmaker’s Diary: Selected Poems
(Buffalo, White Pine Press, © 2007 Carlota Caulfield, pp. 71-73)
REPRINTED WITH THE AUTHOR’S PERMISSION

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